Primero diremos lo que no es: no es una enfermedad. La epilepsia es una condición, un síntoma de la alteración de la actividad eléctrica en el cerebro.

Nuestro sistema nervioso es esencialmente un sistema eléctrico, con impulsos trasladándose constantemente entre los millones de neuronas (células de nervios) y las partes del cuerpo afectadas por nuestras múltiples actividades voluntarias (como andar) e involuntarias (como respirar.) Si el cerebro de una persona, con sus 12 mil millones de células de nervios, está dañado, algunas de estas células pueden funcionar de forma incorrecta, causando una interrupción en el método de funcionamiento normal de la actividad eléctrica. Las células dañadas se “sobrecargan,” lo que produce una alteración en las mismas produciendo así demasiada electricidad.

El resultado de esta sobrecarga temporal es un ataque que causa el fracaso de algunas de las actividades corporales, como una pérdida repentina del sentido o una interrupción del mismo que con frecuencia está asociada con las actividades de movimiento. Durante el ataque no se siente dolor y generalmente no se producen efectos secundarios a largo plazo. De hecho, muchas personas que tienen ataques, particularmente si estos son leves, con frecuencia no se dan cuenta cuando tienen uno.

El número de ataques varía mucho de persona en persona (desde unos cuantos al año a varios al día). Aquellos que controlan su epilepsia con tratamiento médico pueden eliminarlos por completo.

Entre los ataques la vida continúa – de forma normal, activa y saludable.