La forma, intensidad y duración de los ataques están relacionados con el número y el tipo de células cerebrales afectadas. Existen dos clases de ataques: generalizado y parcial. Estos pueden variar de convulsiones a lapsos de atención momentánea.

Cuando gran parte del cerebro está dañado, los ataques se denominan “generalizados” y afecta a las funciones de movimiento y del sentido. Cuando una parte más pequeña del cerebro está dañado, los ataques se llaman “parciales,” e inicialmente tienen efectos específicos que dependen de la parte afectada del cerebro. Es posible tener ataques de ambos tipos.

Tónico-clónico (“grand mal”)

El ataque generalizado más común es el tónico-clónico, conocido anteriormente como el “grand mal.” Afortunadamente, la medicación tiene éxito a menudo en el control de este tipo de ataque.

El ataque tónico-clónico se caracteriza por una convulsión en el cual el cuerpo de la persona se endureza, las mandíbulas se cierran fuertemente, los brazos se flexionan y, las piernas, la cabeza y el cuello se extienden; esta es la fase “tónica.” La persona se cae al suelo, muchas veces echando un grito ronco, y pierde temporalmente el conciencia durante un periodo de dos a cinco minutos. Durante este tiempo, la respiración parece ser difícil, el cuerpo tiembla, la saliva se puede acumular en la boca y se puede perder control de la orina. Esta es la fase “clónica.” Finalmente, el movimiento del cuerpo disminuye y la persona recupera el conocimiento, pareciendo algo desorientada y fatigada debido a la intensa actividad muscular.

Ausencia (“petit mal”)

Un ataque generalizado, especialmente frecuente en niños de cuatro a catorce años de edad, se llama ausente, anteriormente conocido como “petit mal.” El ataque de ausencia se considera más leve que el tónico-clónico y, de hecho, a veces se considera el soñar despierto. Por consiguiente, la maestra de primaria nota con frecuencia la afección antes que ninguna otra persona.

El ataque de ausencia se caracteriza por el lapso breve (de siete a diez segundos) de conocimiento, cuando la persona mira fijamente, parpadea u oculta las pupilas mientras muestra el blanco del ojo. No es infrecuente que el niño tenga de 50 a 100 ataques de ausencia al día. La epilepsia de este tipo puede desaparecer cuando el niño alcanza la pubertad, pero en algunos casos se pueden tener otro tipo de ataques.

La medicación puede reducir con frecuencia el número de ataques de ausencia o eliminarlos completamente.

Complejo-parcial (“lóbulo temporal” o “psicomotor”)

El ataque parcial más común es el denominado ahora complejo-parcial, anteriormente conocido como “lóbulo temporal” o “psicomotor.” Este ataque consiste de tres fases breves: En la primera fase, la persona interrumpe la actividad en proceso y adopta una expresión de aturdimiento o mira fijamente a algo. Esto da lugar a una serie de acciones repetidas, automáticas y sin ningún propósito, que puede durar uno o dos minutos. Tal comportamiento puede incluir el acto de relamer los labios, pellizcar la ropa, abrochar y desabrochar un botón o tirar de él. A medida que la persona vuelve a su estado normal, habrá un periodo de desorientación y confusión.

La Aura

El ataque empieza a veces con una breve sensación en el estómago o en la cabeza de hundimiento o elevación, con un zumbido o un olor desagradable o con puntos negros ante los ojos — una “aura.” Aquellas personas que han aprendido a reconocer el comienzo de un ataque antes de que la actividad del mismo se extienda por otras partes del cerebro, pueden utilizar esta etapa inicial como un aviso para tomar medidas protectoras y prevenir posibles lesiones durante dicho ataque.